septiembre 25, 2017 6:18 pm -
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Emilio lugo

Fidelidad a la doctrina cooperativa

Según los expertos, hay una gran diferencia entre los conceptos referidos al compromiso y la responsabilidad. El compromiso es una obligación que se asume, que se contrae y que se relaciona con un cargo, una actividad, una función, un determinado contrato o convenio que se debe cumplir. Es una condición establecida, generalmente burocrática, un compromiso escrito que cuenta con procedimientos y reglas.

En cambio, la responsabilidad, aunque también se relaciona con algún cargo o función, es más una actitud personal y solidaria que nace de un nivel de conciencia madura, de una conducta identificada con un proceso de reflexión permanente que se proyecta desde objetivos e ideales plenos, desde un conocimiento más lúcido respecto a los deberes que nos impone la realidad o el espacio en que nos toca vivir.

La responsabilidad tiene un rango superior, rebasa las exigencias establecidas en un simple manual que define las relaciones dentro de la estructura administrativa, va más allá del compromiso. Y este aspecto es esencial cuando pretendemos analizar lo que ocurre hoy en el movimiento cooperativo, respecto a la gestión de los líderes, tanto en su propia empresa, como en la comunidad donde actúa.

La dirigencia tiene un enorme deber ético y una gran responsabilidad política ya que no solamente debe exponer los resultados económicos y financieros de la gestión anual, muy necesarios, que muestran el éxito del sector cooperativo paraguayo. Pero, además, debe contribuir, desde las ideas y las experiencias prácticas de la economía social, en este esfuerzo común que realizan los diversos actores económicos, sociales y políticos, que buscan definir el destino de la sociedad paraguaya en el escenario conflictivo que nos afecta.

El pensamiento del cooperativista que se edifica sobre los Valores y Principios debe participar con coraje y promover en la sociedad el imprescindible debate sobre ese nuevo modelo país que todos anhelamos. Aplicando las ideas del gran escritor compatriota Augusto Roa Bastos, referida a la literatura, podemos afirmar sin ninguna duda que el dirigente que actúa con convicción debe ser un militante de la libertad y el progreso humano.

Las estadísticas señalan que hay miles de socios en las cooperativas. Muy bien, pero cuantos están al tanto, aunque sea básicamente, de aquellas bases doctrinarias que sustentan nuestra identidad o hacen un ejercicio de esos Valores y Principios, en su vida personal, familiar o social.

El marketing cooperativo no tiene que limitarse a publicar los logros de los servicios que se ofrecen, sino compartir y difundir entre la gente, la visión de una sociedad posible, a ser construida sobre la solidaridad y la justicia social. Se debe mostrar a la ciudadanía de qué manera, el cooperativismo, en sus conceptos esenciales, es capaz de expresar los profundos problemas y las necesidades de la gente e incidir en su transformación.

Recordemos que el mayor desafío es el desarrollo de una conciencia social solidaria, de una cultura de la cooperación a partir del conocimiento gradual de las ideas centrales del cooperativismo, de los logros que se obtienen en la aplicación de un modelo de organización y trabajo solidario.

Tenemos que demostrar que existe un sistema diferente a la globalización que mantiene sometida a las personas bajo el poder del dinero, que excluye a hombres y mujeres por su condición de pobreza o porque no son funcionales al modelo económico de concentración de la riqueza.

Este modelo que impone la cultura del descarte, sabiamente denunciada por el Papa Francisco, respecto a la actitud de ciertos señores que ponen por delante los negocios y después la vida humana.

Por Prof. Emilio Lugo

Dirigente Cooperativista

Miembro Consejo de Coop. Medalla

Fuente: Tudiariocooperativo.com.py

Foto: Gentileza Comentando La Noticia

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